Polaris Ranger RZR S 800 EFi

Juguete de verano

Agarrá un cuatriciclo, ponele una carrocería de fibra de vidrio, dos butacas de competición, una jaula de caños soldados y… ¡voilà! Bienvenido al vehículo de moda del verano 2010. Es más simple y rústico que cualquiera de las camionetas 4x4 que exploran los médanos de la Costa Atlántica, pero ninguna de ellas puede seguirle el ritmo a este pequeño aparato.

Procedentes de Estados Unidos, los cuatriciclos Polaris ya tienen una buena fama en el mercado local –se sabe que son caros, pero los mejores para el trabajo pesado- y de a poco comienzan a hacerse conocidos los side-by-side Ranger. El término side-by-side define a una categoría de vehículos, que no son más que cuatriciclos carrozados con los pasajeros sentados lado-a-lado y no en tándem, como en un quad normal.

Hace dos años tuve la oportunidad de probar el Ranger 500, un vehículo de trabajo que puede resultar muy divertido de manejar y es casi imposible de encajar. Este verano, Naval Motors, el importador de Polaris en la Argentina, presentó la versión deportiva del Ranger: el RZR S 800 EFi.
Mide apenas 2,60 metros de largo y pesa sólo 429 kilos. El motor bicilíndrico de cuatro tiempos y 760 centímetros cúbicos es conocido de otros vehículos de trabajo de Polaris, pero la diferencia es que en el RZR su único fin es la diversión. Alcanza una velocidad máxima de 102 km/h, pero lo más impresionante es su capacidad de aceleración: de 0 a 60 km/h en 3,8 segundos.

Como en todos los Ranger, tiene un sistema de transmisión automática con embrague centrífugo muy fácil de operar. Hay dos modos de tracción: trasera y 4x4. Y cinco marchas disponibles: Parking, Neutral, Reversa, Alta y Baja. En condiciones normales se circula en Alta y con tracción trasera. Para hacer cualquier cambio en la transmisión hay que detenerse por completo y pisar el freno.
Durante cuatro horas, tuve la oportunidad de probar el RZR en Pinamar. El recorrido comenzó sobre asfalto, donde uno tiene la sensación incuestionable de estar viajando arriba de una licuadora. El Ranger es ruidoso hasta la sordera, los neumáticos off-road rebotan como pelotas sobre el pavimento, patinan ante la mínima acelerada y la gente te mira como si realmente estuvieras paseando arriba de un electrodoméstico con cinturones de seguridad.

No tiene parabrisas, así que por encima de los 40 km/h, lo mejor es permanecer con la boca cerrada, para que no entren moscas ni pterodáctilos. A los pocos minutos de andar, los componentes mecánicos ocultos bajo la carrocería comienzan a calentar el asiento como la mejor butaca calefaccionada de Mercedes-Benz. Ideal para el invierno. Lástima que estamos en verano.

Pero todas estas incomodidades se olvidan cuando salís del asfalto y te metés en los primeros senderos de arena. En 4x2, las curvas se dibujan más con el acelerador que con el volante. Los neumáticos comienzan a traccionar mejor y sólo hay que aflojar ante los baches. La suspensión delantera tiene brazos dobles y un interesante recorrido de 23 centímetros. La suspensión trasera es independiente, con barra estabilizadora. Pero hay que andar con cuidado: el Ranger es tan chiquito que cabe entero adentro de algunos buracos.

La posición de manejo no es muy cómoda. El volante no se regula en altura y queda demasiado bajo. Los pedales están muy juntos y el punto de apoyo para el pie izquierdo obliga a flexionar la rodilla. A cambio, la vista panorámica es espectacular, hacia todos los ángulos.

El pasajero tiene un poco más de espacio para las piernas y un manubrio de bicicleta dónde agarrarse. Frente a él hay varios stickers con advertencias de seguridad redactadas por el Departamento de Legales de Polaris. Mi frase favorita es esta: “El pasajero debe siempre avisarle al operador que reduzca la velocidad o se detenga si se tiene incómodo. Si las condiciones lo requieren, descienda y camine un poco”.
El baúl está ubicado adelante y es tan chico que sólo caben dos botellas de cerveza (bueno, ¿acaso no es un vehículo “recreativo”?). La mayoría de los usuarios optan por llevar sus objetos personales en un par de mochilas que amarran con firmeza a la parte trasera de la jaula.

Una vez en los médanos, el Ranger se siente como en su casa. Los neumáticos literalmente flotan sobre la arena blanda y avanzan con el motor a muy bajas vueltas en esas partes donde todos los demás comienzan a encajarse.
Pero hay que tener cuidado con el acelerador. El riesgo de vuelco es una posibilidad cercana y acá no hay ESP ni ayuda electrónica que te salve. De hecho, esta unidad de pruebas tenía 63 horas de uso y ya había sufrido siete tumbos. A razón de más de un vuelco por cada diez horas de uso.

No hay que alarmarse. El Ranger es muy predecible y trepa pendientes como una cabra, pero la cosa se pone inestable cuando se abusa del acelerador en las curvas. En 4x2, los vuelcos se producen cuando los derrapes controlados se encuentran con algún montículo de costado y el deslizamiento se frena en seco. En 4x4, los vuelcos suceden por simple inercia: el Ranger tiene tanto agarre que sencillamente capota a fuerza de torque. Por su propia concepción, el centro de gravedad en un side-by-side está más alto que en un cuatriciclo o en una camioneta 4x4 normal. Por todo esto, no hay que tener miedo de acelerarlo a fondo, pero siempre con el volante bien derecho.

Otro detalle a tener en cuenta es el consumo. Altísimo. En 4x4 y con baja, es capaz de trepar hasta la Luna, pero vas a tener que llevar tu propio camión cisterna: hace dos kilómetros por cada litro de combustible. El tanque tiene 28 litros. Es decir que, por simple estadística, en diez horas de manejo es probable que te ocurran una de estas dos cosas: quedarte sin nafta o volcar. Sí, el RZR es tan divertido de manejar que orilla el humor negro.
Si nada de esto melló tus ganas de comprarte uno, acá va una última estocada mortal: cuesta 25.600 dólares. Se puede patentar, como todo cuatriciclo, pero su uso está limitado al ámbito rural. Se puede manejar en playas, médanos y en el campo, pero no en calles avenidas ni rutas.

El Polaris Ranger es caro y las leyes de tránsito lo limitan. Por esa misma plata podés comprarte una Land Rover Defender usada. No muy vieja, una del 2005. Y la podés manejar en cualquier lado. Pero las modas de verano no se nutren de antigüedades británicas ni se fijan en cuestiones burocráticas. La idea es mostrarse con el último juguete sobre ruedas y el RZR cumple ese papel a la perfección. Durante los primeros diez días de enero y sólo en la concesionaria de Pinamar, ya se vendieron ocho unidades.

Carlos Cristófalo