Chevrolet Spark LT

Pokemón con ruedas

Hay que ser muy macho para salir a la calle con un auto verde manzana y tapizado amarillo limón. “Cuidado con andar levantando chicas por la calle”, me dijo Alfredo mientras bajábamos al sótano de Catalinas a buscar el auto. Alfredo es a General Motors lo que San Pedro es al Paraíso: el dueño de todas las llaves. Administra todos los vehículos de flota de GM y por supuesto pensé que bromeaba con su comentario. Hasta que salí a la calle y lo comprobé.

El Chevrolet Spark llama mucho la atención y a las mujeres en especial, aunque no logré descubrí bien por qué: tal vez sea por su color, por su simpático diseño de Pokemón con ruedas, por la cara del que lo maneja o porque todo lo anterior sumado induce a pensar que el conductor es uno de esos amigos varones perfectos que tanto le gusta tener a las chicas modernas. No sé si me explico.

La generación anterior de este modelo llegó a nuestro país con el nombre Daewoo Matiz. De esa fábrica de Corea del Sur proviene ahora este Spark, que se lanzó en nuestro mercado hace cuatro meses. En estos 120 días, sin embargo, cambiaron tantas cosas que parece que hubieran pasado 120 años. Hace cuatro meses el mercado automotor argentino no paraba de romper récords de ventas, el dólar costaba tres pesos y Lehman Brothers todavía existía.

El Spark llegó al país por dos motivos concretos: el dólar atrasado permitía que otra vez se pudieran vender autos chicos importados y GM Argentina necesitaba a toda costa ampliar su oferta de productos económicos para satisfacer a un mercado ávido de comprar autos.

Hoy estos dos motivos desaparecieron y el Spark sigue estando acá. A pesar de que el peso se devaluó casi un 15 por ciento, GM no tocó los precios y me aseguraron no está en los planes hacerlo en el corto plazo. El Spark LS cuesta 40.100 pesos y el LT de las fotos vale 41.900 pesos.

Hay otros autos –no muchos, dos de ellos de GM- más baratos que el Spark: Fiat Uno Fire (32.600 pesos), Chevrolet Corsa Classic (38.890 pesos), Volkswagen Gol Power (38.014 pesos) y Suzuki Fun (38.750 pesos). Por diseño y equipamiento, el rival lógico es el Ford Ka 1.0 Fly Plus (41.470 pesos).

La diferencia más notable es que el Spark tiene cinco puertas, mientras que el Ka sólo tiene tres. Esta es una desventaja que Ford compensará el año que viene con una nueva versión diseñada en Brasil, que promete “más puertas para más humanos”.

El Spark y el Ka tienen aire acondicionado, potencia similar (65 caballos el Chevrolet, 63 el Ford), un pequeño baúl (263 litros el Ka, 170 el Spark), equipo de audio con reproductor MP3 (el Spark también trae puerto USB) y la misma incertidumbre acerca de lo que podría ocurrir en caso de choque.
El Ka sólo ofrece airbags en la más costosa versión 1.6 y este restyling realizado en Brasil no fue sometido a ningún crash test por ningún organismo independiente. El Daewoo Matiz (como todavía se conoce al Spark en Europa) obtuvo dos estrellas más una tachada en las pruebas de EuroNCAP, pero esa versión tenía airbags. El Spark que llega acá no los ofrece ni como opción.

La estética es cuestión de gustos, aunque el Spark parece más logrado y claramente más orientado a un público femenino. También hay que decir que viene con más accesorios que el Ka: tiene llantas de aleación, faros antiniebla, barras portaequipaje y cromados hasta en los lugares más insólitos (como en la parte delantera de los espejos retrovisores).

El comportamiento en ciudad es muy ágil. Es un auto fácil de manejar. Tan sólo hay que acostumbrarse a una palanca de cambios de recorrido largo (la segunda encaja justo debajo de mi muslo) y un pedal de embrague de recorrido cortísimo. Parece una tecla, más que un pedal, algo que ya le ocurría a su antecesor: el Daewoo Tico de los años ’90. El andar es correcto y sólo hay que tener cuidado con los baches: en algunos de ellos el Spark cabe entero.

Las grandes virtudes del Chevrolet Spark son:
* La calidad de terminación: los materiales no son lujosos, pero están bien ensamblados y no hacen ruidos.
* La insonorización: el silencio en el habitáculo es notable, sobre todo en un mercado donde los aislantes es una de las primeras cosas que se eliminan de los autos económicos.
* El diámetro de giro: pega la vuelta en apenas 4,6 metros. Con un largo total de 3,49 metros, gira casi sobre su eje.
* La facilidad de estacionamiento: sólo tenés que bajarte del auto y guardarlo en el bolsillo de tu camisa.

En ruta tiene un comportamiento que se puede calificar como digno. La velocidad máxima es de 156 km/h y acelera de 0 a 100 km/h en 14,1 segundos. Esto significa que los adelantamientos hay que planificarlos con tiempo. Lo mismo ocurre con las frenadas: las pequeñas llantas de 13 pulgadas no dejaron espacio para llevar discos delanteros más grandes y los traseros son de tambor. El ABS no se ofrece ni como opción y en las frenadas de emergencia no sólo tiene tendencia a bloquear con histrionismo, sino que la cola también muestra cierto interés por deslizarse hacia los costados. Está claro que no es un auto para desarrollar altas velocidades.

Sin embargo, es un gran auto para la ciudad. La mayor duda con el Spark es cómo envejecerá con el tiempo. Los usuarios de los antiguos Matiz y Tico saben que esos pequeños Daewoo suelen padecer numerosos problemas de ruidos de plásticos y deterioro de las butacas. La mecánica de esos modelos, en cambio, resultó más robusta de lo imaginado. El Spark pertenece a una nueva generación y en un test de una semana es difícil evaluar cómo evolucionará con el paso de los años.

Por precio, equipamiento y calidad de terminación, el Spark resulta el mejor micro-vehículo de ciudad en su segmento. Las mujeres lo adoran, los hombres lo miran de reojo y él ofrece a cambio una paleta de tonalidades estridentes para ponerle un poco de color y alegría al horrible tránsito de la ciudad. No es poco.

Carlos Cristófalo
Fotos: Marcelo Sánchez
Especial de la revista AutoPremium para Lubri-Press