Citroën C4 Bicuerpo
Segundas partes son mejores
Evaluar un auto con objetividad no es fácil cuando se maneja por una de las rutas más espectaculares del país. Durante dos jornadas reservadas para la prensa, Citroën Argentina presentó el nuevo C4 Bicuerpo fabricado en El Palomar en Villa La Angostura.
Durante la primera jornada probé la versión 2.0 HDi Exclusive sobre los casi 80 kilómetros que unen a Bariloche con Villa La Angostura, a través de la ruta 231 que bordea al lago Nahuel Huapi.
Este camino tiene todos los elementos para ser uno de los más geniales de la Argentina: un paisaje único, buen pavimento, poco tránsito (en noviembre), subidas, bajadas y curvas entrelazadas que permiten divertirse al volante sin tener que violar ninguna norma de tránsito.
El C4 Bicuerpo es una silueta conocida en el mundo de los autos (se vende en Europa desde el 2004), pero en nuestro país sólo se había visto por medio de la coupé VTS. A diferencia del C4 Sedán –que sólo se fabrica en la Argentina y China para mercados emergentes y algunos países europeos como España y Bélgica- ofrece una línea más armónica y equilibrada, sobre todo en la parte trasera.
Este hatchback se lanzó en nuestro país al mismo tiempo que su par europeo recibía un sutil restyling. Desde Citroën Argentina se explicó que el restyling no se adoptó en nuestro país para no demorar aún más el proceso de puesta en producción. De todos modos, el C4 sigue siendo un auto de diseño actual, con un estilo que apenas queda algo opacado por el más moderno Ford Focus fabricado en Pacheco.
El equipamiento de seguridad es uno de los más completos de su segmento, con hasta seis airbags en opción, control de estabilidad y tracción. La calidad de terminación es la misma que en el C4 Sedán: buena para nuestro mercado y regular si se la compara con el C4 VTS proveniente de Europa.
Gran parte de la plataforma se modificó para apoyar esta carrocería 51 centímetros más corta sobre una distancia entre ejes reducida en 10 centímetros. El peso, a igualdad de versiones, es 120 kilos más bajo en el Bicuerpo.
En las cifras, estos cambios no parecen grandes, pero en una ruta tan trabada las diferencias son notorias. Y con claridad suman puntos a favor del Bicuerpo. El auto se siente más estable, con inercias más previsibles y un comportamiento que sería una exageración definir como deportivo, pero que sin dudas se muestra mucho más ágil y progresivo. El andar sigue siendo muy confortable, pero quienes hayan viajado en un C4 Sedán sabrán interpretar esta metáfora: el C4 Bicuerpo es menos cetáceo.
El motor 2.0 HDi de 110 caballos agradece la reducción de peso en los adelantamientos y las trepadas.
Todas estas mejoras llevan a una pregunta inevitable: ¿realmente vale la pena pagar más caro para tener un C4 Sedán con 193 litros extra de baúl y una experiencia de manejo más aburrida? Estamos hablando de una diferencia marcada sólo por una valija grande. El C4 Bicuerpo es una opción muy interesante y el C4 Sedán puede llegar a ser una de sus primeras víctimas.
Naftero y automático
Durante el segundo día del lanzamiento tuve la oportunidad de probar las versiones nafteras con caja manual y automática. Durante la primera mitad del día recorrí con la versión manual una buena parte del Camino de los Siete Lagos que une La Angostura con San Martín de los Andes.
Si la diferencia de peso a favor del C4 hatchback quedó en evidencia en la versión 2.0 HDi de 110 caballos, con el motor naftero de 143 CV el contraste es apabullante. Acelera de 0 a 100 km/h en 9,2 segundos, un valor que está lejos de definir a un auto de temperamento deportivo, pero que al compararlo una vez más con el C4 Sedán se comporta como un auto de reacciones muy ágiles y vivaces.
El reparto de masas y el equilibrio del chasis es la gran virtud del C4 Bicuerpo.
El consumo, en contrapartida, puede llegar a ser elevado y dispararse por encima de los 12 litros cada 100 kilómetros –según la información de la computadora de a bordo- cuando se fuerza el ritmo de marcha.
El último evento de la presentación fue casi un homenaje a Sébastien Loeb, el quíntuple campeón mundial de rally de Citroën: un ascenso y descenso al Cerro Bayo, a través de un ancho camino de ripio en buen estado. Para la ocasión, elegí el único ejemplar con caja automática de la flota de 20 unidades dispuestas por Citroën Argentina para la prensa.
El objetivo fue desentrañar la doble duda que me acució por la mañana mientras desayunaba pan casero con dulce de grosella mirando al Nahuel Huapi: "¿Se bancará el C4 un manejo agresivo en el ripio? ¿La caja automática me arruinará la mayor diversión del día?"
Citroën no espera vender muchos C4 con caja automática: apenas dos de cada 100 que fabrique. Por eso esta transmisión sólo se ofrece con la versión naftera. Es una caja de cuatro velocidades, con función Sport y Nieve, que al desplazar la palanca a la izquierda entra en modo secuencial para poder intervenir en los cambios con golpes hacia arriba y hacia abajo.
La trepada de cinco kilómetros la hice con los controles de estabilidad y tracción activados para no hacer volar muchas piedras. Cuando se pisa el acelerador a fondo, la caja estira los cambios hasta las 6.200 rpm, justo después del régimen de potencia máxima y apenas antes del corte de inyección.
El despeje es escaso para este tipo de caminos. Con el C4 Bicuerpo, Citroën decidió ubicar este modelo apenas un centímetro más arriba del C4 europeo, mientras que la norma en el mercado local es elevar los autos no menos de dos centímetros con respecto a los países con rutas en mejor estado. La idea es ofrecer un mejor comportamiento dinámico sobre el asfalto, algo que ya quedó demostrado que lo tiene.
El control de estabilidad corrige la tendencia a irse de trompa en las curvas más cerradas, mientras que en las más veloces permite un leve deslizamiento de la cola, aunque el sistema interviene justo cuando la cosa empieza a ponerse interesante.
Por eso, para bajar, apagué el ESP.
Las reacciones del auto son tan nobles que transmiten mucha seguridad. No soy Sébastien Loeb ni un piloto experimentado, pero me sentí tan confiado que hasta me di el lujo de rozar el freno en algunas curvas para despegar la cola del suelo y corregir la trayectoria con un leve contravolante. La ventaja de ser un auto de tracción delantera es que, si se llega a perder el control, será suficiente con pisar el acelerador a fondo para recuperar el apoyo y salir disparado hacia adelante.
Los neumáticos Michelin aguantaron muy bien el maltrato. Tan sólo habría que criticar que la rueda de auxilio sea Pirelli, marca que también calza al C4 1.6i X.
La caja automática estuvo a la altura de las circunstancias y hasta demostró el buen tino de meter un par de rebajes en los momentos oportunos. No es la mejor opción para este tipo de manejo, pero es una muy buena transmisión automática.
Como ya mencioné, el gran problema de probar un auto por estos caminos y estos paisajes es conservar la objetividad. Por eso mismo, buscándole la quinta pata al gato, el pelo al huevo, la comba al palo y el cuesco a la breva, sólo resta por concluir: qué lástima que no se ofrezca un C4 2.0 HDi automático. Sin dudas, el mejor motor y la mejor transmisión de este nuevo Citroën.
Carlos Cristófalo
Fotos: Juan Lopetegui
Enviados especiales a Villa La Angostura






